viernes, 7 de julio de 2017

Transgeneracional

Transgeneracional




   La psicogenealogía parte de la premisa de que determinados comportamientos inconscientes se transmiten de generación en generación e impiden al sujeto autorrealizarse, por lo que para que un individuo tome consciencia de ellos y se pueda desvincular de los mismos es necesario que estudie su árbol genealógico. Podría decirse, que en ocasiones estamos “poseídos” por nuestras familias, particularmente las relaciones con nuestros padres juegan un papel fundamental en la formación de la psique del individuo, por lo que resulta imprescindible desatar esos “nudos” con el pasado, e ir descargando el peso de las experiencias de vida que no nos corresponden.
  El árbol está vivo dentro de mí. Yo soy el árbol. Yo soy toda mi familia. Nadie tiene problemas individuales porque toda la familia está siempre en juego. El inconsciente familiar existe. Desde el mismo momento en que alguien toma conciencia de algo, hace
que todos los suyos también la tomen. Ese alguien es la luz. Si uno hace su trabajo, todo el árbol se purifica.
                                               
Alejandro  Jodorowski

 
El árbol genealógico es a la vez nuestra mayor trampa y nuestro tesoro más preciado. Trampa que lleva a traicionarnos a nosotros mismos por quedarnos apegados fielmente a contratos inconscientes. Tesoro que nos engendra y nos da la posibilidad de vivir desarrollando la conciencia.
  Trabajamos con un organismo vivo. El árbol genealógico no es un fósil enterrado, vive y se transforma constantemente con cada nueva generación y es por esto por lo que no utilizamos una técnica que serviría para la fabricación en serie. La psicogenealogía de Jodorowsky plantea una forma de trabajo artística.
  Los condicionamientos emocionales y de conducta grabados por nuestro linaje en nuestro inconsciente personal, el yo más desconocido y misterioso, determinan nuestra postura frente a la vida y conducen nuestros actos irremediablemente a repeticiones de patrones dolorosos en distinto ámbitos personales, de los que difícilmente podemos escapar. El análisis psicogenealógico de nuestro propio árbol, nos devela las causas originales que desencadenaron esos patrones. Su visión y comprensión ya de por si resulta sanadora pero podemos dar un paso más hacia la superación de esas hirientes rutinas que nos privan de vivir en su plenitud y conciencia.
                                                  
Marianne Costa.

   
La genealogía es un lenguaje de precisión matemática, un sistema de repeticiones con fechas, enfermedades, muertes, situaciones, nombres: mapas neurológicos que se recorren y transmiten de generación en generación.
Somos portadores de los conflictos no solucionados de nuestro árbol y eso se manifiesta en nosotros como expiatorio haciéndonos sufrir, impidiéndonos amar, tener relaciones sexuales, realizarnos… ser felices, en definitiva. La memoria de nuestro árbol genealógico está siempre presente.
  Con frecuencia los padres proyectan sus imágenes o deseos sobre sus hijos, en lo que se llama proyecto parental. Con él nos imponen sutilmente un papel, una personalidad y, en última instancia, un destino al que debes adaptarte para no ser rechazado por el clan.
  A veces para explicar un gesto que hacemos, una actitud o un dolor, es necesario remontarse a casi cuatro generaciones. Hay elementos que vamos repitiendo.
Para imponernos ese destino usan el lenguaje no verbal propio de cada familia, hecho de miradas, silencios y gestos. Y en ocasiones, incluso aparecen las órdenes literales como: “serás un fracasado”. Cuando se desentrañan los secretos subliminales del árbol, las fechas de nacimientos, enfermedades, muertes o matrimonios, aparecen sorprendentes correspondencias. Comienzan a reafirmarse los lazos sutiles que la mente establece con quienes nos rodean. Si somos capaces de transformar nuestro mito familiar, también cambia el Universo. El bien que hagas, como dice la Biblia, repercutirá en mil generaciones.

Cristóbal Jodorowski


 Todo está en el árbol genealógico, por tanto debemos investigar en el árbol familiar. Esta metodología tiene su base en que todos los problemas provienen de nuestros antepasados. Nosotros somos nuestra familia completa, andamos acarreando a nuestros ancestros, tenemos en nuestra espalda su historia, y esa historia está viva y se manifiesta en distintas circunstancias, edades y generaciones.
  El árbol nos condiciona de todas las maneras imaginables. Influye en todo: “estamos poseídos por nuestro árbol” hay tanto que desconocemos de nuestra familia que eso inconscientemente se mueve detrás del escenario racional y nos conduce por la vida. Nos conduce por lo que llamamos el destino familiar: Nos influye en el plano material: (económico, laboral, salud-enfermedad) en el plano emocional: (relaciones de pareja, hijos, amigos…) en el plano sexual creativo, en el plano intelectual, en fin, en todo porque venimos de un árbol, como hijos somos fruto de ese destino familiar y luego reproducimos lo mismo por inconsciencia y no lo digo como juicio, sino porque en nuestra cultura occidental no valoramos las raíces, los antepasados, no sabemos las historias completas y porque en todas las familias hay secretos.
  Sanamos el árbol realizando lo que somos auténticamente. Haciendo nuestro destino personal. Echando luz en nuestras raíces, conociendo nuestro árbol familiar, para eso es la psicogenealogía. Y luego hay que resolver: para eso es la psicomagia.

Gabriela Rodríguez 

“En cada generación, los nuevos miembros de la familia se ven obligados a no ser lo que son (individuos que desarrollan su consciencia, obedeciendo las proposiciones del futuro) y a ser lo que el clan quiere que sean (individuos que obedezcan los límites impuestos por el pasado, sacrificando sus sueños).
   Los padres así reprimidos provocan en sus hijos un conflicto doloroso: queremos que te realices, que obtengas lo que nosotros no pudimos obtener, pero si así lo haces, vas a destronarnos, a atentar contra los principios del clan. Te hemos amado porque eres como nosotros: si te diferencias dejaremos de amarte.
 Todos los objetos que nos rodean influyen en nuestra vida de una manera positiva o negativa. El inconsciente da un significado simbólico a cada cosa, en nuestro espíritu ellas adquieren una forma de vida. Actúan como llaves que abren viejos traumas haciéndolos derramar el dolor reprimido, aunque con "buenas intenciones", nuestros padres y educadores nos adjudicaron definiciones negativas.
  Estas perduran durante muchos años impidiéndonos desarrollarnos con placer, cuando unos padres exigen al pequeño que se comporte como un adulto, lo carga de responsabilidades, de sus propios problemas, le quita tiempo y espacio para jugar, le impide vivir su niñez con plenitud, está robándole la infancia y cometiendo un abuso en toda regla, actuando de esta manera infantil, convierten a sus hijos en adultos antes de tiempo.
  La pesada responsabilidad que les echan encima, les impide desarrollar la actividad más importante para un infante: poder jugar. A causa de esto, crecen reprimiendo una constante tristeza: no se saben entretener. Lo único que saben es adquirir responsabilidades, olvidándose de ellos mismos y repitiendo una y otra vez la historia familiar.

Alejandro Jodorowsky

Despertar del sueño

Despertar del sueño

                                  Imagen relacionada

Mientras vivimos en el sueño de la identificación, nos valemos de los sentidos físicos para percibir de manera limitada lo Real.

Nuestra existencia se arma con recuerdos del pasado, experiencias que hemos tenido, deseos, temores… vivimos atrapados en el tiempo, sin permitirnos funcionar naturalmente, perdiéndonos valiosos mensajes de nuestro cuerpo por no estar atentos, en el presente, en el ahora.

Vivimos de una manera mecánica, condicionada, y todo lo complicamos actuando compulsivamente, de manera reactiva, y creemos que eso es la realidad.

Mientras estoy identificado con lo que creo ser, no puedo elegir las respuestas más adecuadas, saludables a la situación porque sale lo automático, lo impulsivo, lo mecánico, por la fuerza del condicionamiento; y es que el pasado está tiñendo el presente, proyectándose en un futuro ilusorio, supuestamente mejor…

Todo cambia cuando suelto el tiempo psicológico y me instalo en el presente, viviendo momento a momento, vigilando, observando lo que pasa en mi mente y soltándolo. Observando los mecanismos reactivos que se ponen en marcha ante los estímulos externos, dándome cuenta que sólo son programas con los que venimos funcionando durante muchos años…

Al despertar, expresamos en muestra vida los valores del ser surgiendo la acción de manera espontánea, inspirada (no teñida por las emociones y pensamientos que se mueven en la superficie) independientemente de lo que acontezca, en una actitud contemplativa.

El despertar nos lleva a mirar la verdad directamente, descubriendo la inteligencia, la belleza, la energía y el amor que soy, la Realidad, ese potencial en vías de actualización, atestiguando todo lo que acontece desde la conciencia.

Una vez descubierta la Verdad, debo mantenerme allí donde la he visto, si quiero que ilumine mi vida, como un faro que alumbra el camino del navegante en la oscuridad del océano.

Cuando me despisto, me distraigo, se trata de observar esa distracción y volver a la contemplación con una actitud amorosa, para ello debo de tener una vocación por vivir desde la verdad y estar “vigilante” para darme cuenta. Mantenerme atenta a la luz que soy en lo profundo.

Luego que se va haciendo el camino, ese estado de lucidez se mantiene sin esfuerzo, lo mantiene la luz, y, al estar despierta, más lucidez, paz, alegría, espontaneidad y amor sin causa sentiré.

Para despertar a la Verdad es imprescindible hacer silencio de lo pensado, sentido, soñado, imaginado; un camino de soledad y silencio hacia el sí mismo, adentrándose en la aventura del descubrir.

Lo que nos separa de la Realidad es la mente entretenida con sus imaginaciones y sueños, se trata entonces de “girar” la mente y mirar hacia adentro, hacia la luz, y a partir de esa mirada despierta, el amor surge espontáneo inevitablemente.

¿Podrías Aceptar profundamente tu vida, tal cuál es?

¿Podrías Aceptar profundamente tu vida, tal cuál es?

¿Quieres una pareja perfecta? ¿Una madre o padre perfecto? ¿Un jefe perfecto? ¿Un cuerpo perfecto? ¿Sentimientos perfectos? ¿Una perfecta iluminación? ¿Una vida perfecta?
¿Qué te parece la idea de aceptar profundamente lo que hay aquí, justo en este momento? ¿Qué tal aceptar profundamente a los demás, tal y como son en este momento?
Cierto, parece un poco extraño. Suena un poco… contradictorio. Como darse por vencido. Como conformarse con menos de lo que uno se merece. Como… debilidad espiritual. Va en contra de toda esa mentalidad de “¡Ve y logra todo aquello que deseas!”.
Sí, estas enseñanzas acerca de la Presencia y del Estar Aquí y Ahora y de la Consciencia del Momento Presente podrían sonar un tanto simplistas, incluso ingenuas para la mente. Es muy fácil que se malinterpreten y que sean rechazadas. Después de todo, ¿quién querría renunciar a sus sueños del pasado y del futuro y enfrentarse a un momento misterioso? ¿Quién querría admitir la fragilidad y lo valioso de la vida, su naturaleza transitoria, su regalo agridulce? ¿Quién querría admitir su propia impotencia y reconocer su profunda humildad cósmica? ¿Quién querría morir al tiempo? ¿Quién querría renunciar a su idea de control? ¿Qué corazón podría asumir esa gracia? 
La verdad más profunda de la existencia es simple, aunque nunca simplista.

¿Aceptar “lo que es” es renunciar a la posibilidad de un cambio? No. Nunca.

¿Aceptar significa tolerar o “soportar”? ¿Significa obedecer ciegamente tus impulsos violentos? No, para nada.
¿Aceptar significa hacerse a un lado, volverse pasivo, hacerse de la vista gorda ante la violencia y permitir que pasen por encima de nosotros o de nuestros seres queridos? De ninguna manera.

¿Aceptar significa asumir un rol de vida diferente, el rol de una persona “sumamente espiritual”, “aceptando profundamente”, “una persona totalmente pacífica”? No. La aceptación no es un rol y no se trata de nada personal.

La profunda aceptación significa mirar a la vida de frente, en este momento. Significa poner atención a lo que hay aquí, en lugar de lo que no está presente. Significa dejar de lado las esperanzas y los sueños y despertar a lo que realmente es verdadero. Significa terminar la guerra, dejar de ver a través de la ilusión de un “yo” separado de este misterioso movimiento de vida. Significa alinearse completamente con las Cosas Tal y Como Son. Finalmente, significa estar en Casa, independientemente de lo que esté pasando. 
Esta es la gran paradoja, que en la aceptación profunda y sin concesiones del momento “imperfecto” viene el cambio, un cambio creativo e inteligente, sorprendentemente natural. ¡Qué perfección!
La mente nunca ha estado a cargo del cambio.

¿Quién soy yo?

 ¿Quién soy yo?


Descubrir la propia identidad: Si yo no soy nada de lo que le ocurre a mi cuerpo (aunque todo lo que le ocurre a mi cuerpo es mío), si yo no soy nada de lo que pueda fabricar mi mente (aunque la mente es mía), ¿qué soy yo? ¿Cuál es mi verdadera naturaleza, mi verdadera identidad? ¿Quién soy yo, realmente?
 Sólo cuando esta pregunta se plantea de un modo directo, intenso, dramático, sólo entonces uno puede empezar a descubrirlo. El camino para descubrir quién soy yo pasa por el planteamiento sincero de la pregunta, mediante una actitud investigadora, de querer ver, de querer descubrir quién soy. Yo he de tener una actitud reivindicativa, de protesta correcta, dirigida a descubrir y vivir mi verdad, la verdad de mí mismo. Y para esto uno ha de quererlo con toda el alma.
Para descubrir la propia verdad, la propia identidad, uno ha de obligarse a vivir cada instante con una conciencia más clara, más exigente, de sí mismo. Si soy yo quien está viviendo cada situación, yo he de exigirme ser consciente, no sólo de la situación, sino del yo que la está viviendo. He de obligarme a ampliar la conciencia que tengo de mí y de las cosas que estoy viviendo para que no viva sólo las cosas en su proceso -lo que pienso, lo que siento, lo que hago o lo que me hacen-, sino que yo esté atento a «yo que estoy haciendo» «yo que estoy pensando», etc., atento al yo que es el denominador común de todos mis actos. Mi conciencia suele vivir sólo la mitad externa de mi experiencia y deja de vivir (está cerrada a) la parte interna, el extremo interno de la experiencia. Hay que estar atento a la noción que uno tiene de sí mismo como sujeto mientras está viviendo cada cosa: «yo y lo que hablo», «yo y lo que hago», «yo y lo que estoy escuchando», «yo que estoy descansando», - etc. Siempre es un yo, siempre hay alguien que está haciendo (lo que sea). Se debe estar consciente de toda experiencia (lo que se hace, se percibe, etc.) y del yo que es el protagonista de esta experiencia.

Esta autoconciencia no debe aislarnos de nada; al contrario, significa una ampliación de mi actual conciencia de modo que incluya al sujeto en lugar de limitarse al objeto de la experiencia.
Esto sólo puede practicarse correctamente cuando existe una urgente demanda interna, y ésta sólo existe cuando uno ve que no tiene sentido vivir constantemente en el error. Pues si yo estoy viviendo sobre una base errónea, todas mis acciones, todas mis valoraciones, participarán de este carácter erróneo básico. Yo solamente podré adquirir, o recuperar, la objetividad cuando deje de estar subjetivamente equivocado.
Lo que yo soy nunca puede ser descrito de un modo intelectual; porque lo que yo soy no es objeto. Lo que yo soy es algo que parece intangible. Y porque parece intangible frente a las experiencias concretas y tangibles que vivimos, por eso no le prestamos atención, y quedamos «amarrados» a cada una de las experiencias. Y no obstante, este yo que parece intangible, que parece una abstracción, este yo es la fuente de donde surge toda experiencia; es la fuente de donde surge toda mi energía, toda mi capacidad de lucidez y de comprensión, toda mi capacidad de afecto y de felicidad, todo surge de este núcleo que yo soy. Así este núcleo es lo más intenso, lo más rico que existe, ya que toda mi vida, por espléndida que pueda ser (o que pudiera llegar a ser), no será más que una expresión parcial de este yo que soy.

No existe ninguna cualidad básica que me venga dada del exterior; no hay ni un poco de voluntad que me venga del exterior; no hay ni un poco de felicidad, ni un poco de inteligencia (o comprensión) que me vengan del exterior. Del exterior me vienen estímulos y datos, pero es mi respuesta, mi actualización frente a estos estímulos, datos o situaciones, lo que produce el desarrollo de las facultades. ¿De dónde surgen pues estas capacidades, estas cualidades básicas? Salen del núcleo central, surgen del yo, de este sujeto, de esa identidad profunda.

No podemos describir qué es este yo, pues describirlo sería dar un contenido delimitado, objetivo, a lo que es esencialmente sujeto, lo cual sería una contradicción. Pero todos podemos intuir que se trata de lo más importante de nuestra vida. Y lo intuimos; una prueba de que lo intuimos es que la palabra yo es la que más pronunciamos a lo largo de nuestra vida. Pero estamos pronunciando la palabra sin saber a qué corresponde. Es como si percibiéramos el aroma pero sin ver la flor que desprende el aroma. Sentimos una resonancia de algo importante cuando decimos yo, pero no vivimos la fuente de donde surge esta resonancia.

¿Con qué me identifico?

¿Con qué me identifico?


  Toda idea a la que me aferro es un deseo que quiere realizarse. Una parte grande o pequeña de mi identidad ha quedado retenida allí. En toda identificación o apego, voy perdiendo algo de mí mismo.

  La realidad está en mi identidad, sin darme cuenta me esclavizo poniéndola en ideas en situaciones, en personas. Al hacer silencio deshago por comprensión esas identificaciones, suelto lo que había retenido y al soltar me libero a mí mismo, vivo mi verdadero ser sin límites.

  Lo que allí puse de mi propia identidad real, ese apego, ha dado un aparente valor a todo aquello. Pero cuando recupero mi identidad mediante un acto de "recogimiento interior", como se ha llamado en nuestra tradición, compruebo que era un valor reflejado.

  El acallar los ruidos del pensamiento, el vaciarme de ideas limitativas, es simultáneo con la plenitud del ser que va dando sentido a todo lo que hago.

  Quién no ha conectado en su interior con esa plenitud, la busca todo el tiempo donde no está . No puede dejar de buscarla. Un ser humano, podríamos decir que es eso: un buscador de plenitud. La experiencia del que busca la felicidad por un camino equivocado es una experiencia frustrante. Al buscar amor se produce desamor, al buscar paz se produce conflicto, al buscar alegría, tristeza y depresión. Si hemos comprendido cómo es el proceso de la búsqueda, o del deseo; renunciaremos, sin esfuerzo de voluntad, a una experiencia limitada a cambio de la plenitud. Renunciaremos a una parte por el todo.

  La observación paciente y continua va poniendo de manifiesto lo que verdaderamente sucede en la ambición, la búsqueda y el deseo. Cuando aparece un deseo, tengo que observar qué lo impulsa, qué le da fuerza. Puede ser que sienta que me falta amor, paz, energía, etc... y creo obtenerlo al conseguir algo determinado.

  Lo que importa es qué es lo que impulsa mi deseo, porque si lo descubro podré seguir una investigación que me sacará de lo ilusorio del vivir condicionado y me conducir a lo real.

  Muchas veces estamos divididos: deseo por un lado ir a divertirme y por otro, quiero ponerme a meditar. Si observo cuidadosamente lo que sucede, si empiezo a investigar en mí mismo, puedo hacer una unidad de esa dualidad. Ya que la conciencia es una, debo poder unificar las dos opciones contrarias en un sólo acto.

  Mirando sin división mis deseos veo que lo que me empuja a irme a divertir, o a cualquier otra cosa y lo que me empuja a meditar o practicar alguna técnica para realizarme es lo mismo: mi anhelo de plenitud. Cuando descubra que en el silencio de mi conciencia profunda está siempre esa plenitud que anhelo, cambiaré el rumbo de mis pasos y los deseos perderán interés para mí.

  Voy comprendiendo a partir de aquí que no tengo que renunciar a ningún deseo para quedarme en silencio, en el silencio de la meditación. Si dejo de satisfacer un deseo para meditar, no he comprendido nada. Y estará creando un conflicto en mi interior que impedirá la aparición del silencio. Un conflicto produce perdida de energía. Y al no tener energía no puedo abrirme a la energía profunda que soy.

  Todo lo que deseo, lo deseo porque anhelo la paz o la belleza, la alegría o el amor, que son la expresión natural del ser, que son mi única naturaleza.
¿Porque no ir directamente hacia esa plenitud del amor o la belleza, o la fuerza o la alegría que intuyo o que ya estoy descubriendo en el silencio interior?

Comprender

Comprender


  
El mundo en el que vivimos es irreal, es una ilusión, es relativo, interpretado por nuestra mente condicionada con la cual podemos conocer las cosas por medio de los sentidos físicos, que son muy limitados, podemos relacionar datos, comparar, negar, afirmar, guardar información, podemos entender, pero no podemos con ella comprender lo que es la vida. No podemos comprender el porqué nos apegamos, identificamos a nuestras emociones, pensamientos, por qué sufrimos……y es que nuestros instrumentos sensoriales no están capacitados para poder captar la Realidad.

 Para poder comprender la Realidad, debemos estar en otro estado de conciencia, “salirse” de los mecanismos de la mente y retrotraerse hacia el foco luminoso que está creando todo, desde donde surge todo, porque esa luz es comprensión y puedo acceder a ella por medio de la contemplación, surgiendo un estado de lucidez, comprensión profunda, Realidad, que se expresa a través de nuestro psiquismo personal como una plenitud sin causa, una alegría que no depende de nada, “alegría sin objeto”.
  
Al comprender por inspiración, despierto del sueño y trasciendo los pensamientos, emociones, la ilusión, comprendo la vida y voy integrando todo lo que sucede en una totalidad luminosa. Soy lo que comprendo.  Al comprender se disuelven las dudas, temores, miedos, angustias, preocupaciones y aparece la plenitud, la paz, el amor, la alegría. Mi identidad se amplía hasta la totalidad, sin límites, sin apegos, sin dependencias.

 Se pueden considerar tres etapas para este proceso, estas etapas solo existen en nuestra mente, porque esa luz, el Ser, ya lo somos:

** INTUIR lo que somos que es más grande y abarca nuestra personalidad condicionada.

** CONTEMPLAR lo que intuyo que es la Realidad, ese contemplar incluye el Ver eso que está más allá de lo que creo ser yo mismo; si tengo deseos, aspiraciones, ver de dónde surgen; contemplar lo que se me presenta al vivir, de dónde está surgiendo, y al contemplarlo, sentir eso mayor que yo, eso que intuyo que está presente más allá de mi noción actual de mí, ese amor, esa alegría sin causa, esa plenitud y como consecuencia de esto: querer asumirlo.

** ASUMIR  esto que he visto y contemplado, unificarme con lo Real, con lo que soy y funcionar desde ahí, expresarme desde ahí a través de mis instrumentos (psico/cuerpo).
 No se trata de razonamientos, ni de teorías, sino de un estado de contemplación en el que esta zona nueva de la conciencia contempla.
  Yo sólo puedo llegar a vivir lo que soy, cuando lo he visto, contemplado, comprendido y me reconozco y unifico con ello, es un proceso de asimilación interior, sin tener que forzar nada.

La Verdad Espiritual


  
  La verdad espiritual no es algo complejo, es simple sentido común. Cuando se comprende la naturaleza de la mente, se  despejan las dudas y la  confusión. 
  En realidad, no se «convierte» uno en una especie de superhombre espiritual omnipotente, sino que se llegar a ser por fin un verdadero ser humano. 
 Una de las mayores tradiciones budistas denomina a la naturaleza de la mente «la sabiduría de lo ordinario».
 Nuestra verdadera naturaleza y la naturaleza de todos los seres no es algo extraordinario. La ironía está en que lo extraordinario es nuestro mundo supuestamente ordinario. Es esta visión «extraordinaria» la que nos ciega a la naturaleza inherente y «ordinaria» de la mente. 
 A veces, y puesto que somos tan innecesariamente complicados, cuando un maestro nos introduce en la naturaleza de la mente, lo encontramos demasiado sencillo para creerlo. 

 Nuestra mente ordinaria nos dice que no puede ser así, que tiene que haber algo más. Por fuerza tiene que ser más «glorioso», con grandes luminarias en el espacio que nos rodea, ángeles de cabellera dorada volando a nuestro encuentro y una resonante voz que proclama: «Acaba de ser usted introducido a la naturaleza de su mente». 
 No hay tal espectáculo. Puesto que en nuestra cultura se valora exageradamente el intelecto, podemos suponer que para alcanzar la Iluminación hace falta una inteligencia extraordinaria. En realidad, muchas clases de inteligencia sólo implican mayor obscurecimiento. 

Patrul Rimpoché señaló: «La mente lógica parece interesante, pero es la simiente de la confusión». La gente puede obsesionarse con sus propias teorías y perder el sentido de todo.
 En Tíbet decimos: «Las teorías son como remiendos en un abrigo, cualquier día acaban desgastándose».

Permítame que le cuente una historia alentadora: 

Un gran maestro del siglo pasado tenía un discípulo muy duro de mollera. El maestro le enseñaba y le enseñaba, tratando de introducirlo a la naturaleza de su mente, pero no lo conseguía.
 Finalmente, un día se enfureció y le dijo: —Mira, quiero que lleves este saco de cebada hasta la cumbre de aquella montaña de allí. Pero no has de pararte a descansar. Sigue adelante sin detenerte hasta que llegues a la cumbre. 
 El discípulo era torpe, pero le tenía a su maestro una devoción y una confianza inconmovibles, de modo que hizo exactamente lo que le había mandado. El saco pesaba mucho. Lo recogió y echó a andar cuesta arriba, sin atreverse a parar. Así anduvo y anduvo. Y el saco se volvía cada vez más pesado. 
 Tardó mucho tiempo en llegar a la cima. Cuando por fin llegó, soltó el saco y se echó en el suelo, vencido por el cansancio pero profundamente relajado. Sintió en la cara el aire fresco de la montaña. Toda su resistencia se había disuelto, y con ella su mente ordinaria. Le pareció que todo se detenía. Y justo en ese instante comprendió la naturaleza de su mente. «¡Ah! Con que esto era lo que mi maestro intentaba enseñarme todo el rato», se dijo.

 Se echó a correr montaña abajo y, contra todas las normas habituales, irrumpió en la habitación del maestro. —Creo que ya lo tengo... ¡Ya lo tengo, de veras! 
—Así que has tenido una excursión interesante, ¿eh? —le dijo el maestro sonriendo con aire comprensivo.

 Sea usted quien sea, también puede tener la experiencia que tuvo el discípulo en la montaña, y es esta experiencia lo que le dará la intrepidez necesaria para superar la vida y la muerte. 

Pero, ¿cuál es el mejor modo, el más rápido y eficiente, para disponerse a ello? 
 El primer paso es la práctica de la meditación. Es la meditación lo que purifica lentamente la mente ordinaria, desenmascarando y agotando sus hábitos e ilusiones, y nos permite reconocer, en el momento adecuado, quiénes somos en realidad.    

No te aflijas.
Nada se pierde, todo se transforma
Cualquier cosa que crees que pierdes, regresa a ti transformada en una forma diferente.
Cada planta y cada árbol en la pradera parecieran estar danzando,
mas para aquellos con ojos comunes, solo parecen inertes y sin vida.


Observa cada maravilla en cada momento que ocurre alrededor tuyo.
No tomes crédito por ninguna.
Siente el arte acompañándote, y disfrútalo en silencio.

El Centramiento

El Centramiento



    Podemos estar en la vida con una actitud muy exteriorizada, periférica, o, una centrada, profunda.

    A nivel físico, cuando voy por un lugar peligroso, pongo la atención en mis movimientos, el máximo control de mi actividad física, estoy buscando el centro. 
   En determinadas situaciones afectivas, trato de estar todo yo presente, no permito que salga algo inapropiado, sino que intento estar en el centro de lo que siento profundamente.   
   Cuando se trata de hablar, o tomar una decisión muy importante, ocurre lo mismo, me sitúo en una zona central, donde pueda decir lo que me parece más adecuado. 
   Esta actitud de vivir desde ese punto donde yo soy más yo mismo y que me hace manejar mejor las cosas, las reservamos para momentos muy importantes o de urgencia. 

   Toda la vida está fluyendo desde ese centro, desde ese eje central (centro mental, centro afectivo y centro de energía) de donde surge toda capacidad de comprensión, de sentimiento y de acción; todo lo demás es manifestación periférica de ese centro. 
  Desde el centro, la identidad, se funciona con soltura, se actúa con rapidez y eficacia, y no hay identificación; hay plena disponibilidad de ver, sentir y actuar. 

   Todo trabajo interior, cualquiera sea el enfoque, es para alcanzar ese fondo; algunos buscan el fondo energético (físico, mental), como las artes marciales; otros, como la meditación religiosa, tratan de llegar a vivir el fondo del sentir y amar desde ahí; en meditaciones de tipo metafísico es llegar al fondo de la mente y desde allí conectar otros niveles de consciencia. 
  Es aconsejable para un equilibrio personal, trabajar los tres niveles, de lo contrario, el nivel que esté menos desarrollado, nos traerá dificultades.

   Centrarse, es aprender a vivirse como sujeto que ve, que siente, que conoce, que actúa; es tratar de estar más allí donde uno es uno mismo. Es una luz central que ilumina todo lo que se mueve alrededor, entonces se puede ser consciente de una cosa o de otra, sin perder la consciencia del que ve, sin pensar. 
   En el pensar, la mente hace un gesto automático y se cierra sobre algo en particular, excluyendo el resto. La atención central, es una atención como sujeto, no hacia el objeto y está implicada en el centramiento en su fase mental. 

  Estar centrado es una actitud interior profunda, significa vivir cada momento con toda mi lucidez, con toda mi capacidad de sentir, con toda la capacidad de movilizar la energía que pueda. 

Trascender el pensamiento

Trascender el pensamiento



  
Al investigar nos adentramos en la conciencia trascendiendo el pensamiento, sin suprimirlo, ni controlarlo, sino comprendiéndolo e integrándolo, accedemos a la verdad de manera vivencial.
  Cuando comprendemos, vemos los pensamientos como son, sin identificaciones, sin interpretaciones que pueden ser equivocadas, sin crear ningún estado emocional (temor, tristeza, deseo) porque sabemos que el pensamiento es la repetición del pasado proyectado en el futuro, creando miedo por lo ya vivido o deseo para repetir algo agradable en el futuro. En el presente, el instante es nuevo, fresco, vivo real, en el instante no hay pasado, ni futuro, en el instante está la verdad y ésta es anterior al pensamiento.
  El pensamiento no es creativo, es repetitivo, pero se puede convertir en un vínculo de creación cuando está alineado con la lucidez y así puede dar forma a intuiciones de la verdad que están más allá del pensamiento. Así es como surge la poesía, las obras de arte, también actitudes, palabras y gestos que se expresan desde este estado de lucidez.
 
  La creencia es un pensamiento que tiene la fuerza de la identificación con lo que creo ser y debido a la falta de atención se mantiene en el tiempo, nada tienen que ver con la verdad, que no es temporal, lo real puedo intuirlo y vivirlo en el instante y desde el instante puedo contemplar hacia lo atemporal.
 
   La verdadera libertad no se encuentra en teorías, doctrinas, ideologías, ciencias, sino que pasa por la comprensión del pensamiento.   
El tomar conciencia de lo que crea el pensar, hace que nos liberemos de sus efectos, por lo tanto no resolveremos un conflicto analizando por medio del pensamiento sino, apelando a la lucidez que nos dará la comprensión del pensamiento.

Somos mas que nuestra mente concreta

Somos mas que nuestra mente concreta


Limitaciones de la mente concreta

Observa que en tu profundidad, estás viviendo otras cosas, si no no te darías cuenta de que sufres, y sufres; no te darías cuenta de que estás solo, cuando te sientes solo. No te darías cuenta de todo este mundo vivencial interior sólo con tu mente concreta. El problema es que a la hora de pensar, piensas sólo con la mente concreta y entonces reduces toda esta realidad completa que vives a lo que puede formular tu mente concreta. Y en consecuencia, tus decisiones tienes que tomarlas con esta misma mente concreta.
Has de poder reconocer-te ya ahora, ver que eres mucho más que esta mente concreta, que tienes dentro de ti un mundo interior de vivencias, de aspiraciones, de deseo de vida, de expansión, de realidad total; y eso en un plano puramente psicológico. Eso has de poder aceptarlo ahora, más allá de lo que tu mente concreta pueda formular.

 La mente es una herramienta, ella es tu instrumento, precioso, absolutamente necesario para manejar las cosas; pero no es toda tu realidad, ni mucho menos; es algo a tu servicio. Has de poder descubrir esta noción actual de ti, que está mucho más profunda y mucho más elevada, más rica y compleja que las formulaciones en el nivel de la mente concreta.
No esperes ninguna demostración directa de la mente concreta, por ejemplo, de que eres un ser vivo, y mucho menos de que eres esa plenitud. La mente es simplemente un instrumento de simbolización, pero no es equivalente a la realidad que tú eres.
 Cuando tienes hambre, el hambre es su propia razón, su propia evidencia; no hace falta que tu mente concreta te diga que tienes hambre, que lo formule.
Y cuando estás en peligro, esta fuerza, esta necesidad de sobrevivir, es algo evidente por sí mismo: es tu realidad mucho más -o por lo menos, igual que tu capacidad de formular concretamente, enjuiciar, valorar, criticar o deducir pruebas.
Hemos de estar abiertos a toda la realidad que somos, podamos o no dar razón de ella.


Pregunta: ¿Por qué la persona se refugia tanto en la mente concreta?

 Por varias razones. Nos refugiamos en la mente concreta porque la utilizamos como un medio para controlar todo. Igualmente sirva para defendernos de las cosas tanto externas, los peligros que el exterior pueda entrañar. como internas, los miedos, los recuerdos desagradables. Por eso estamos siempre crispados sobre esta mente, porque es nuestra pantalla, nuestro medio de autodefensa.
También porque la mente concreta es un instrumento precioso para hacer las cosas, para manejarnos en el mundo concreto, para adecuarnos a unos objetivos, es útil para algunos fines. Pero la realidad es que nosotros no somos solamente nuestra mente. Yo Soy Yo

Nuestra mente concreta siempre está buscando unos medios para unos fines; es siempre utilitaria, está siempre subordinada a un objetivo. Pero nuestra totalidad no tiene objetivo, ya que un objetivo es siempre algo en relación a otra cosa, es siempre una parte en relación con otra parte o en relación con el todo, pero nuestra totalidad, por definición, no puede tener objetivo, no es algo en relación con otro algo. Así, no es posible aplicar este criterio de utilidad o de demostración en lo que se refiere a nuestra totalidad o a nuestra identidad esencial. Lo que es válido para el mundo de relaciones no es válido para el sujeto de este mundo; son órdenes completamente diferentes.


Pregunta: Parece ser que la noción de realidad es también una creación de la mente.

No, la noción de realidad se formula a través de la mente pero no viene de la mente; porque cuando tú tienes un dolor de muelas muy fuerte, este dolor de muelas no es tu mente. Y, sin duda, aquello es lo más real (en aquel momento). Digo «noción de realidad» no en el sentido de noción puramente intelectual, sino en el de vivencia o modo de experimentar lo real. Es un sentido más amplio de noción, y que puede manifestarse en lo vital o en lo afectivo. Pero lo curioso es que esta noción de realidad no viene de la mente, pues aunque estemos hipnotizados por nuestra mente, de hecho la desbordamos ampliamente. Yo soy el que está crispado, soy yo en relación con la mente; o sea, hay alguien que está detrás de esta mente.

Toda la felicidad que soy capaz de anhelar la soy ahora. Toda la realidad última, suprema, definitiva, eterna, que yo sea capaz de desear o de intuir, ya la soy totalmente ahora. Y si no la vivo es porque mi mente está ausente de ella. Y todo el conocimiento, toda la evidencia, toda la claridad y lucidez que yo soy capaz de desear o de intuir, ya la soy; pero lo ignoro porque mi foco mental está concentrado en el aspecto externo. Todo el trabajo consiste en que yo aprenda a dirigir mi atención hacia este fondo, hacia ese océano de conciencia que hay; simplemente. Y que luego aprenda a vivir desde ahí. Es un problema de traslación (de este foco).


Pregunta: ¿Es un problema de atención mental?

 Sí, nosotros estamos polarizados en la mente, y en la mente hay el factor que piensa (mente concreta), pero también hay un foco mental de atención. Y es ahí donde estamos manejando esa noción de realidad. Y al estar crispados en este punto no vivimos como realidad más que lo que manejamos a través de este centro. Así, como estamos identificados aquí, debemos aprender a vivir abriéndonos desde aquí y conectarnos con el fondo, lo que se produce sólo cuando yo dejo de estar crispado sobre las formas, cuando yo aprendo a estar presente, despierto, pero soltando las formas.        

El amor Lúcido

El Amor Lúcido




 En el estado de lucidez no hay miedo, ni necesidad de asegurar algo, no hay deseos de continuidad, ni temor a perder, no hay exigencia de reciprocidad, porque no hay nada que perder, ni nada que ganar.
  Es una expresión espontánea de lo que siempre ha estado y está ahí, un potencial inmenso, infinito y que se expresa por sí mismo. Nadie puede herir a nadie si está instalado en la verdad.
  El amor lúcido es un estado inocente, una gracia divina, que no se busca mediante esfuerzos o méritos. La lucidez llega como gracia al investigar lo que la lucidez es.

  El amor no es controlar, manipular, vivir con astucia, no es acumular información para dominar a otros, no es envidia, ofensa, comparación no es ignorar nuestra esencia.

  El amor es inocencia, madurez, no envidia, no ofensa, no comparación, no posesión. El amor es completo en sí mismo, no necesita compañía.

  Quien no ha descubierto el amor como estado del ser, lo vive como una exigencia a los demás, como un querer repetir las satisfacciones placenteras, como una demanda de emociones y sentimientos que luego cambian a lo opuesto, quedando un vacío.
  Pero si comienzo a observar para descubrir con lucidez lo que sucede, me doy cuenta de lo que va apareciendo, y veré que se va integrando gracias al amor. Para descubrir este amor, sabremos que no está en el tiempo, para investigarlo hemos de dejar que surja como inspiración, y si estamos lúcidos, si comprendemos el amor como un estado nuevo, sobrevendrá de un modo natural, porque es lo real.
  Ser bueno o malo desde la personalidad es como una comedia vista desde la verdad.
  El amor surge de la comprensión, al no comprender surge la separación.

   El amor no es lo que se suele conocer por amor, no es sentimientos, ni emociones, ni sensaciones que nacen de la separatividad porque uno necesita al otro. En el amor no hay otro. Si me quedo en las sensaciones, emociones agradables, al no tenerlas sobreviene la angustia; pero si me quedo en silencio y miro con sinceridad, estas sensaciones/emociones no tienen el resplandor del amor que intuyo. El amor surge cuando hay libertad.
  El otro no es separado de mi por lo que no tiene sentido tratar de poseerlo.
  Como el amor no es nada de lo conocido, lo descubriré sin buscarlo, con una mente inocente, que carece de información. La inocencia es un estado original que no tiene que ver con los años, ni experiencias, ni conocimientos adquiridos, es un estado claro y simple, sincero y en soledad, anterior al pensar.
  Al estar libre para comprender como funciona la interacción humana ya no me hieren, el amor es inocente, no hiere. El amor está ahí con objetos o sin ellos, no necesita del otro. El amor ilumina un objeto, otro o ninguno, sin perder su plenitud.

  En la inocencia se borra el pasado, nada se guarda, nada se repite.
    Así como la luz no puede dejar de iluminar, el amor no puede dejar de amar. Si soy amor, no necesitaré buscarlo afuera, lo que sea preciso en la interrelación, la vida se encargará de presentarlo.
  No he de controlar los deseos que surgen cuando vivo limitaciones, pues al controlar, lo que hago es deformar el vivir, más bien comprenderé desde un lugar donde no esté identificado, puedo experimentar con mi cuerpo una sensación agradable sin estar yo atado a ella, sin identificación.

  El milagro es vivir desde el verdadero amor.

  El amor es siempre nuevo, siempre está naciendo. El enamoramiento de dos personas es real y nunca deja de ser un enamoramiento del amor.
  El amor renueva, vitaliza, rejuvenece, y si ese amor produce esto, lo que producirá el enamoramiento total del amor en sí; al comprender todo, abrazamos todo, la pasión nos lleva sin medida fuera de lo racional. Este amor verdadero es el creador de lo nuevo, ajeno a la memoria, deshace las barreras de separación que se levantaron por la incomprensión.



viernes, 16 de junio de 2017

El Masaje

Masaje relajante


11-6491-4788
Ciudad Madero

Los masajes relajantes son, para

descontracturar los músculos y dejan la sensación de tener un relax que no hubiese sido posible obtener de otra forma. Su intención principal es darle a la persona un estado de tranquilidad y descanso mediante los movimientos apropiados.

Provoca mejoría en problemas musculares leves:

Ayuda a personas estresadas.

Alivia a quien este padeciendo un proceso de ansiedad.


El contacto que proporciona un masaje relajante es muy beneficioso para personas con depresión

Ayuda a calmar dolores musculares leves.






Existen diferentes tipos de masajes relajantes y algunos son más específicos.

Por ejemplo, los que pueden tratar algunas problemáticas concretas, como el drenaje linfático, que además de relajar tiene otros efectos sobre la salud y la figura.